SOMOS NUESTRO CUERPO
Las expresiones populares están repletas de alusiones a la relación entre las emociones y el cuerpo. Se sirven de imágenes corporales para definir estados emocionales: “tengo un nudo en la garganta” (impotencia, angustia); “una bola en el estómago” (nervios, ansiedad); “un peso en los hombros” (culpa, responsabilidad); “me tiemblan las piernas” (miedo), “me hierve la sangre” (ira, odio), “se me aprieta el corazón” (tristeza, pena), “de brazos abiertos” (amor, agradecimiento), son apenas algunos ejemplos.
Las expresiones populares están repletas de alusiones a la relación entre las emociones y el cuerpo. Se sirven de imágenes corporales para definir estados emocionales: “tengo un nudo en la garganta” (impotencia, angustia); “una bola en el estómago” (nervios, ansiedad); “un peso en los hombros” (culpa, responsabilidad); “me tiemblan las piernas” (miedo), “me hierve la sangre” (ira, odio), “se me aprieta el corazón” (tristeza, pena), “de brazos abiertos” (amor, agradecimiento), son apenas algunos ejemplos.
Cuerpo y emociones tienen, en el ser humano, una relación de reciprocidad, se afectan mutuamente. Nuestro cuerpo alberga nuestras emociones, y estas a su vez impactan en el cuerpo, lo alteran, lo bloquean, lo liberan y muchas veces lo enferman. Las huellas emocionales quedan en el cuerpo, en los músculos, a veces durante años, haciendo nuestro andar en la vida más difícil, menos armonioso.
La buena noticia es que el camino inverso también existe. El cuerpo puede deshacerse de tensiones crónicas, de “viejas heridas”, liberando así emociones que pertenecen a otros momentos de nuestra vida, que ya no deberían estar allí para hacernos daño.
En esto creo profundamente. No tenemos un cuerpo, somos nuestro cuerpo. Nos relacionamos con el mundo a través del cuerpo y él tiene los recursos para sanarnos física y emocionalmente. Ayudar a que esto ocurra es mi tarea y el objetivo de mi trabajo terapéutico.
Mario Martínez Bidart
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