Las emociones y el cuerpo tienen una relación de reciprocidad: si uno se afecta, el otro reacciona. Si uno se sana, el otro responde. Cuerpo y emociones trabajan juntos en nuestro favor, pero de nosotros depende alimentarlos bien.
Cuenta una leyenda que estaban los discípulos sentados en torno al anciano maestro, quien de manera serena y pausada les iba transmitiendo su sabiduría. En un momento, uno de los alumnos le preguntó: - "Maestro, a pesar de sus años de vida y su iluminación espiritual, alguna vez tiene usted conflictos internos?". "Tengo en mi interior dos perros salvajes que están peleándose todo el tiempo, uno es bondadoso y el otro feroz", respondió el maestro. "Y cual de ellos gana?", el joven volvió a preguntar. "Gana el perro que yo alimento..."
Las
expresiones populares están repletas de alusiones a la relación entre
las emociones y el cuerpo. Se sirven de imágenes corporales para definir
estados emocionales: “tengo un nudo en la garganta” (impotencia,
angustia); “una bola en el estómago” (nervios, ansiedad); “un peso en
los hombros” (culpa, responsabilidad); “me tiemblan las piernas”
(miedo), “me hierve la sangre” (ira, odio), “se me aprieta el corazón”
(tristeza, pena), “de brazos abiertos” (amor, agradecimiento), son
apenas algunos ejemplos.
Cuerpo y emociones tienen, en el ser humano, una relación de reciprocidad, se
afectan mutuamente. Nuestro cuerpo alberga nuestras emociones, y estas a
su vez impactan en el cuerpo, lo alteran, lo bloquean, lo liberan y
muchas veces lo enferman. Las huellas emocionales quedan en el cuerpo,
en los músculos, a veces durante años, haciendo nuestro andar en la vida
más difícil, menos armonioso.
La
buena noticia es que el camino inverso también existe. El cuerpo puede
deshacerse de tensiones crónicas, de “viejas heridas”, liberando así
emociones que pertenecen a otros momentos de nuestra vida, que ya no
deberían estar allí para hacernos daño.
En
esto creo profundamente. No tenemos un cuerpo, somos nuestro cuerpo.
Nos relacionamos con el mundo a través del cuerpo y él tiene los
recursos para sanarnos física y emocionalmente. Ayudar a que esto ocurra
es mi tarea y el objetivo de mi trabajo terapéutico.
La armonía de caminar por la vida bajo el equilibrio del cuerpo y las emociones, puede existir algo mejor?
ResponderEliminarTodavía creo que no se ha inventado nada mejor... ;))
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